martes, 9 de febrero de 2016

Cuatro poemas de José García Villa




HE OBSERVADO MONJES ROSAS COMIENDO PASAS AZULES

He observado monjes rosas comiendo pasas azules.
Y he observado monjes azules comiendo pasas rosas.
Aplicadamente he observado.

Este es el modo en que un monje rosa como una pasa azul:
él es rosa, eso es azul y el rosa
se traga el azul. Juro que es verdad.

Y el modo en que un monje azul como una pasa rosa es así:
él es azul, eso es rosa y el azul
se traga el rosa. Y eso también es verdad.

En efecto, lo he observado y yo mismo he tomado parte
de pasas azules y rosas. Pero mi alegría fue distinta:
mi alegría fue ver el contrapunto del rosa y el azul.


ESTO, FUE, LO, QUE, VI

Esto, fue, lo, que, vi,
a, Dios, bailando, entre, las, fresas,
sobre, sus, pies, fosforescentes.

Podría, haber, habido, luz, de, luna, o,
luz, de, día, — o, ninguna, luz.
Sus, pies, lo, iluminaban, todo.

Sobre, pies, fosforescentes,
sobre, pies, fosforescentes, bailaba,
y, Sus, ojos, estaban, cerrados:

¡Él, hacía, temblar, las, fresas!
Pero, ni, a, la, más, pequeña, hizo, daño,
y, les, dio, madurez, a, todas.


TAL VEZ LOS PRIMEROS CHINOS

            Tal vez los primeros chinos
hallaron un hongo altamente
alucinógeno: a pesar
            de haber desaparecido
                       de la tierra
sobrevive en forma de
cetro.

            Tallado usualmente
en jade, pero también en oro,
marfil o madera preciosa: llamado
            Ju-i que significa “Como tú
desees”. Otorgado a miembros
de la nobleza

            en ocasiones especiales, o
a altos oficiales de visita, los taoístas
afirman que cualquiera
            lo suficientemente afortunado
para encontrar un
                       Ju-i
tendrá un destello de
Paraíso.

De una carta al editor. Revista Time, 3 junio, 1958


DE, DURAZNOS, ESTÁN, HECHOS, LOS, OSOS, POLARES

De, duraznos, están, hechos, los, osos, polares,
            de, osos, las, manzanas, de, perlas, las, peras,
como, de, amor, verdad, misericordia, y, fuego,
            y, de, fuego, la, paz, las, aves,
y, los, gemelos,
            frescos, pechos, de, Eva.

¡De, abejas, están, hechas, las, margaritas, y, los, aeroplanos!
            de, tulipanes, los, labios, de, sol, los, rayos, de, sol,
como, de, hombre, verdad, misericordia, y, luz,
            y, de, luz, muerte, alegría,
y, las, tres,
            heroicas, manos, del, amor.


José García Villa
Un monje azul come pasas rosas

Madrid, Visor, 2010.

domingo, 31 de enero de 2016

Poema de César Moro






EL CABALLO ORIENTAL



I

Conozco el verbo despertar a su hermanita
Que se da a los gatos rojos o blancos
Para su cena de gala con el hipopótamo manso de la casa del
beleño y del por favor

Hijos del horno abren la nevera en donde se cierra el buen tiempo
cerca de la ventana qué hacemos de la noche de varios pisos

—También comemos la parte azul del cielo a la izquierda de otras
tienen una misma forma para el masculino y el femenino


II

Todos conocemos el color verde de la tiza
La bandera marrón donde la encargada de la ropa blanca corta
sus camisas no se ve ninguna puerta
No tengo casa este gato es hermoso en la superficie del océano
donde veo joyas
Cuando salgo me detengo ante los símbolos de nieve porque
viajamos
Las horas riendo es un regalo que se apreciará más tarde desde la
ventana de mi cuarto nada es tan hermoso como este buey
malvado bajo el calor intenso


III

Como estos árboles a ambos lados de la carretera

Parecido a los pájaros de las ocho de la noche bajo el farol cuando
el paseante retrasado se dice mi sobrina será emperatriz

El caballo pacía los bigotes grises en la muralla del poniente a los
dieciséis años en que terminan mis plumas

La cabeza separada del tronco por el río
Es mediodía al fondo de la habitación sobre la carretilla comenzamos
por sus pétalos blancos porque ella ama las violetas con
locura

Es cierto ellas le recuerdan una gata vieja y un gran plato de arena

El vendedor pesa un kilo de hormigas cuando llega a la encrucijada
en el caballo oriental cubierto de rosas que se detienen a
mirar si no viene el tren


IV

Los peatones no caminan sobre lágrimas
Sino sobre un sendero que pasa al lado
Las hojas tienen hijas con zapatos de mesas
Sus medias son como sus narices: cuadros al natural
Husmeo la locura
El como yo dónde están los vestidos que sabe
Hablo de pintura es buena cuando llueve si pudiera saberse lo
que hay debajo
Contemplamos la rosa roja volverse blanca
Así sea con todos estos ¿qué ves en lo alto?


V

Agosto dice mierda riéndose
Al oírlo todos reímos
Las cinco pero se habla del hermano que le comprará un juguete
muy hermoso dentro de cien años

La hora de saborear los siglos los años bisiestos los relojes de las
torres

Con tal que el mediodía no grite tengo cinco lápices el reloj-calendario
Engullirá sus tres comidas al día

De mañana un carro de sólida jerarquía
Por almuerzo un gallo
Por la noche un plato de papas


César Moro
Trafalgar Square, Obra poética 1

Lima, Instituto Nacional de Cultura, 1980

jueves, 5 de febrero de 2015

Poema de Carlos Martínez Rivas




MEMORIA PARA EL AÑO VIENTO INCONSTANTE

I

Sí. Ya sé.
Ya sé yo que lo que os gustaría es una Obra Maestra.
Pero no la tendréis.
De mí no la tendréis.

Aunque se vuelva, comentando, algún maestro
del humor entre vosotros. Poco trabajo le costará cumplir…
Aunque sepa hasta qué extremo las amáis.

Sé cómo amáis la Música.
No la de los negros, por supuesto. Ni la guitarra
a lo rasgado, por tientos, esa
brisa seca de uñas y plata. Ni el endiablado
son de la Múcura que está en el suelo, o Rosa de Castilla
con su largo alarido al comienzo…

sino ¡BACH!
Últimamente sobre todo Juan-Sebastián Bach.

Yo os he visto alzar la tapa de la discoteca,
oyendo en vuestros sagrados depósitos
de música estancada cómo cae
el Concierto, y tirar de la cadena
purificados por el suceso musical puro.

¡Con qué libertad respiráis! casi voy a decir
que vivís como hombres por un momento. De tal modo
saboreáis el aire salado de la emancipación
al salir por la puerta, la puerta
giratoria y afelpada —que se traba— del Museo de Bellas Artes.

Y ya cerrado con doble llave.
Y haber cumplido con la tercera y última de las variantes de la Battaglia.

Irse sin dejar nada pendiente con la figura
que toca el pífano y el tambor en el Cristo de los Ultrajes de Grünewald.

En paz con el exigente Maestro de la Leyenda de Santa Úrsula.

Gran día para vosotros.
Ese de la Obra Maestra.

Una antigua necesidad: el holocausto
del propio ser. El deseo
de imponeros algo perene y tribunal.

Y otro. Más rabioso
más trémulo: el deseo de tener un pasado.
Un pasado por fin que oponer al maldito presente.

Un pasado adornado con todas su plumas.
Con su perspectiva de adecuada jerga,
con sus categorías históricas y su problematismo crítico-cultural

precisado en función de una radical revisión de…
Y la larga, accidentada, alucinante teoría de los géneros y los estilos.


II

            Si no estuviera el otro, el difuso
terco mundillo del amanecer.
La pululante línea de la imperfección y el anonimato.

Más informe en el año del hombre y dudosa que
en el año exterior
los renacuajos moviéndose sin dignidad,
que la crisálida de una abeja en su célula
cuando no es sino un poco de saliva ciega y moho,
que esas medusas que olvida el mar
aun sin hacer, traslúcidas al asco.

Ahí velaremos.
Como sagaces hijos del siglo.
Como el Iscariote, que no conoció almohada.

Alertas centinelas en la púrpura penumbra
del umbral. Celosos polizontes
con la diestra en la cartuchera de cuero al pie del sicomoro.

Cada hoja tendrá su guardián.
El más mínimo remolino de savia
el tiempo necesario de cumplir su revolución
su breve furor elipsoidal hasta pintarse
como un leopardillo y ya ni Salomón en toda su gloria

(o tendrá más tiempo: todo el vasto, soleado tiempo
de no cumplirla y abdicarse a sí mismo y perderse).

No es una amenaza.
Tampoco exageremos.

Pero ni un solo murmullo será malogrado.
Ningún lenguaje estéril y ameno brutalizará
los recién capullos, los brotes del presente
que asómanse predicando lo que todavía no es cierto.
La fina sombra de una lanza llena de tacto
guardará el paso cálido, distinto al anterior, casi indecente
de una pulsación de segundo. El milagro
de un entendimiento súbito entre dos sangres extranjeras.

Aceptaremos sin entender cualquier discordancia:
El más aprendiz de los palmoteos
El más inventado de los borbollones.

Porque de lo seguro salimos a reposar en lo inseguro.
En lo peligrosamente sesgado como doncella
cortante veloz como desde un puente. Del puente
a lo escapado a lo demasiado huído a lo frío
saltamos
¡impacientes!

Y más si se quiere. Que el tránsito
de una burbuja nos sea viaje largo y fatigante.
Una piragua de papiro en el centro del remolino
es fortaleza,
chato torreón de piedra, ante el inseguro
inestable vacilante hogar
de un corazón inclinado al esbozo.

Un corazón de hombres dóciles flexibles vulnerables
como un colibrí es siempre un colibrí agudo ardiente rápido.
Y más hombres: los que llamaren. Como ese colibrí
es tantos diferentes colibríes agudos ardientes rápidos.
A cada arranque imprevisto ¡un nuevo colibrí sin memoria!

Agua fluctuante y pan preparado sin fatiga,
delicioso como agua desaprovechada que se mira correr
y riqueza no guardada para mañana (recibida prestada
en el viento escrita) agua
móvil como sólo ella sabe serlo y jirones de plata
donde ninguno se repite y de ninguno
es posible hallar vestigio…

Lo que a los planetas eternos les fue negado
y concedido a una chispa: ¡desaparecer! —Ese lujo—
dice el coro. Y vuelta a lo mismo:

de lo seguro para girar a lo inseguro
de lo ondeante adoncellado y con andares aptos para el desmiembre
el date vuelta
en lo que como lomo de paloma amarillea
y ala untada de plata y gala de la mañana y que pasa
de nosotros con liberalidad projimal
o nos es quitado por asalto
o rechazado (arrebatado por rechazo) o birlado
vulgarmente
o registrado
chabacanamente destruido desplegado
con vocerrón devuelto
con las patas (¡y para nosotros gala de la mañana)

pero no vuela saca las uñas duerme
vive ahí
—¿en dónde?— ¡aquí aquí en el entornado
desierto mundo del amanecer.
Y no domado dulcificado acorderado
bajo vellocino


sino danzante!


Carlos Martínez Rivas
Última y prístina pierda. Antología de poesía hispanoamericana presente
Aldus, 2008